REVISTA PUERTOS Y NAVIERAS - 09/04/2018
Editorial.

El cese de Antonio Sevilla o la necesidad de  una Gobernanza portuaria real.

Un hombre quizá demasiado incauto.


El cese del presidente del puerto de Cartagena, Antonio Sevilla Recio, pone otra vez sobre la mesa la muy deficiente gobernanza portuaria, las leyes que lo soportan, la de puertos es claramente insuficiente para contener esta sangria de espectáculos. Los conflictos abiertos con presidentes de puertos rondan la media docena aunque se oculten como única medida eficaz para evitar que al rey se le vea desnudo, en este caso el ciudadano.

El que un hombre con el aval de bueno como Antonio Sevilla se vea envuelto en un culebrón en su cese donde empiezan a aparecer las presuntas presiones que ha podido recibir en su cargo, hasta la promoción de una señora que le intentan ajudicar para ponerle en entredicho, todo es evidencia del despropósito de un gobierno de los puertos que solo la desidia del Presidente de Puertos del Estado, órgano regulador del sistema portuario lo explica.

Que se vea expuesto Sevilla a este vaivén de noticias y que se enterase de su cese por sopresa, y la naturaleza del sustituto, no por su formación como también denuncia la oposición local si no por la naturaleza política de la sustitución al margen de los otros asuntos de la conducta de Sevilla.

Sevilla es un hombre bueno pero utilizable. Alguien con el candor suficiente para presentarse así mismo como un político, un político profesional, en un país donde la profesión de político casi tiene la mínima valoración social dice mucho de su persona. Le conozco hace años y Sevilla sea por bondad o por ese desconocimiento que da el señor a los bienaventurados, no le ha importando en algunos casos pisar algún callo en su partido.

Aunque al sustituir a Adrián Viudes, se generó unos cuantos enemigos, Antonio Sevilla, que fue nada más y nada menos que consejero del Gobierno de Murcia, ha intentado hacer correctamente su labor, asediado como siempre pasa por falta de una gobernanza portuaria y un status de presidente, ante las siempre presentes, en ese puerto y en todos, presiones de los que le colocaron.

Presiones para que otorgase contratos y concesiones favoreciendo los intereses del partido y de los partidarios, Sevilla falto de esa mala leche necesaria para sobrevivir en política, aunque otros digan que es rencoroso y vengativo, es un ejemplo de cómo el presidente de una Autoridad Portuaria se puede ver sometido desde el primer día a la presión de amigos y enemigos.

Teniendo en cuenta que en política, como ya dijo Pío Cavanillas con aquello de "cuerpo a tierra vienen los nuestros" o con el otro refrán de que en política hay amigos, enemigos, y compañeros de partido, su cese no puede sorprender.

Aunque parece ser que a él si le sorprendió, el caso es que representa muy bien los manejos que se realizan en los puertos alrededor de la presidencia, de los cargos de designación a dedo, de los que no son de designación a dedo y como vemos en el puerto de Algeciras denuncian toda suerte de martingalas para saltarse la ley; y las presiones que se reciben sobre el negocio portuario.

Antonio Sevilla tuvo desde el primer día pegado a su sombra a Pedo Filardi, colocado ahí por el partido nada menos que como vicepresidente de la Autoridad Portuaria, alguien que nunca ha querido salir en la foto, y que representaba los intereses del núcleo central de poder del Partido Popular en Murcia como presidente de su comité electoral, el que hacia las listas.

Tan singular personaje, cuyo hermano tiene una empresa de transportes en Murcia, muy ligada al clan de Molina de Segura y benefactor de Ramón Luis Valcárcel, el anterior presidente cuando este se quedó en cueros al llevarse el aparato del partido a aquel otro presidente Calero que se sublevó contra el PP, Sevilla estaba maniatado.

Los medios de comunicación han denunciado el otorgamiento de contratos al círculo de poder de el Partido Popular en la Región, el otorgamiento de una concesión a amigos relacionados con Andrés Ayala, el anterior portavoz de Fomento luego elegido sorprendetemente como presidente de la Comisión Anticorrupción del mismo PP.

Andrés Ayala, ligado a empresarios del juego y los casinos y de la distribución de bebidas alcohólicas como Licor 43, dijo abandonar la política en beneficio de negocios privados incompatibles con la misma pero al poco volvió a ser elegido, sorprendentemente, de la Comisión Anticorrupción del mismísimo Partido Popular a nivel nacional. La realidad es que, a pesar de que Ayala y sus amigos y relaciones planean sobre el puerto de Cartagena, fuentes bien solventes descartan completamente que Sevilla hiciese en ese caso ninguna actuación ilícita.

La concesión a los relacionados con Andrés Ayala viene de una concesión a la Cámara de Murcia que iba a caducar por falta de una materialización económica por parte de la Cámara, a la Autoridad Portuaria no le quedaba otra que anular la concesión o convalidarla a otro concesionario que se le pidiese, el caso de poca dimensión no es la causa real del cese de Sevilla.

Sevilla además, ha dicho algunas veces cosas inconvenientes como destacar que el Gorgel no salió adelante por las presiones urbanísticas que justamente se ligan a empresarios cercanos al PP como Alfonso García con intereses en que el Estado les regenere la bahía de Portman para hacer ahí una bonita urbanización.

Además sobre la mesa de Sevilla había casos mucho más serios como la célebre desaladora de Escombreras, que acaba de ver como imputan a un alto cargo de ACS.

Una desaladora en el centro del caso "La Sal", y de la urbanización Novo Carthago.

Pero en último caso y a pesar de la presiones parece ser que al final ha sido una cuestión de corrimiento de cargos dentro del PP murciano.

Las fuentes aseguran que Sevilla ha sido víctima de los corrimientos de poder que afectan a los partidos y que tan perjudiciales son sobre la buena gestión portuaria cuando el presidente y todos los cargos que este designa están al albur de lo que quiera un consejero o el presidente de la CC.AA, a pesar de que hayan sido obedientes y hayan hecho todas esas actuaciones que les hayan pedido desde el partido.

La cuestión es que en el Ayuntamiento de Cartagena, tan de actualidad por la imputación de la ex-alcaldesa Pilar Barreiro y que tiene en un brete a Ciudadanos con el Partido Popular; ha desatado una guerra por el poder en el PP cartagenero.

Segado, el que ha sido elegido presidente de la Autoridad Portuaria, es el presidente del partido en Cartagena, persona señalada para ser el candidato a la alcaldía en las próximas elecciones.

Segado tenía eso en su horizonte vital pero al parecer se le cruzó la necesidad de que colocasen a Noelia Arroyo, otro miembro del Partido Popular, como cabecera de lista para el Ayuntamiento.

Aquí surgió una polémica entre Segado y Arroyo por tener este como presidente del Partido Popular, más derechos que aquella para presidir la candidatura y ser, de triunfar su lista electoral, el próximo alcalde de Cartagena.

Para convencer a Segado le ofrecieron la presidencia del puerto pero al parecer Segado tampoco estaba por la labor de suceder a Sevilla porque veía que en el horizonte, el Gobierno Regional podía caer en cascada con el nacional, perder las siguientes elecciones y él disfrutar del puerto de presidente de Cartagena durante solo un año. Así las cosas el partido llegó al final a un acuerdo para colocar a Noelia Arroyo pero prometiéndole a Segado también la posición número 2 en la lista por Cartagena al Ayuntamiento para que así si peligraba su presidencia del puerto, por lo menos, si se ganaba en último caso la alcaldía de Cartagena, pudiese figurar de Teniente Alcalde.

Hasta aquí, más o menos y con pormenores la historia del cese de Antonio Sevilla.

Una muestra de las intrigas de los puertos "autonomizados" que no autonómicos que trasciende al perfil de Antonio Sevilla y del resto de protagonistas para ejemplificar como ya en la difícil gestión de un puerto intervienen continuamente cuestiones partidistas que lo hacen tremendamente difícil de gerenciar.

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